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En recuerdo de Jerónimo López Mozo
25 junio 2024
Artículo de recuerdo a Jerónimo López Mozo escrito a cuatro manos por José Luis González Subías y José Vicente Peiró

Jerónimo López Mozo, nacido en 1942, es un referente del teatro español posterior a 1965, año en que estrenó su primera obra: Los novios o la teoría de los números combinatorios. Con más de ochenta creaciones, es considerado junto a Sanchis Sinisterra uno de los autores de la segunda mitad del siglo veinte defensor de la palabra, del teatro de texto.

En su primera etapa de los años sesenta y hasta 1975 formó parte de grupos teatrales universitarios e independientes e impulsó o fue miembro fundador de asociaciones como la AETIJ (Asociaciación Española de Teatro para la Infancia y la Juventud), la Asociación de Autores de Teatro, el Instituto Internacional del Teatro o la Federación Nacional de Teatro Universitario. De esta etapa se recuerda El Fernando, creación de ocho autores, y las suyas Matadero solemne, Anarchia 36 y Guernica.

La necesidad de recuperar la memoria de la guerra civil y la incidencia de la dictadura franquista en la escritura del pasado reciente español fueron sus principales preocupaciones. Entre 1987 y 2002 se convirtió en su tema recurrente. A pesar del olvido de los escenarios de los autores del tardofranquismo que sufrieron la censura y la transición, en la llamada por César Oliva “La década prodigiosa (1982-1993)”, López Mozo siempre buscó nuevos registros y formas, como en Yo, maldita india (1988), hasta la profundización en la historia española como germen de la actual en sus obras posteriores a finales los años noventa.

Entre sus premios obtenidos, se encuentra el Arniches (1979), el Tirso de Molina (1996) y el Premio Nacional de Literatura Dramática en 1998 por Ahlán. También se puede considerar un galardón el homenaje recibido en la XIV Muestra de Autores Contemporáneos de Alicante.

Hemos recibido con pesar la pérdida —¿por qué nos costará tanto llamar a la muerte por su nombre?— de Jerónimo el día 19 de junio. Nos despedimos de él hace apenas unos meses, sin saber que estaba haciéndolo de manera definitiva, en la presentación de su último libro, El happening de Madrid; su única novela, escrita en los años en que España salía de la dictadura —aquella tan presente en sus primeras obras teatrales, contra la que combatió desde el ingenio y la palabra—, y publicada por primera vez casi cincuenta años más tarde.

Poco se parece el tumultuoso universo creado en esas páginas, de fantasmagórica efervescencia quevedesca, a la figura amable y bondadosa de un hombre al que conocimos ya convertido en un venerable escritor, admirado y respetado por cuantos lo conocían. Fue en El Umbral de Primavera, una pequeña sala madrileña en la que se dieron cita ese día otros autores de su generación y muchos, muchos amigos, representantes en su mayoría del mundo teatral, para arropar el estreno de una obra escrita por una dramaturga mucho más joven. Y así, gozando del privilegio de su
amistad, hemos seguido frecuentándolo estos últimos años, acompañado de su inseparable Carmen, en diferentes eventos culturales a los que, a pesar de su frágil estado de salud, no dejaba de acudir; siempre con la mejor de sus sonrisas y laureado por esa bonhomía que desprendían la cadencia de su voz, su apostura y cada uno de los matices de su gesto.

Donde quiera que esté, seguro que su limpia y clara mirada estará alumbrando ahora el camino por el que las almas nobles hacen su última travesía.

José Luis González Subías – José Vicente Peiró

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