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El Diario Montañés entrevista a la presidenta de la Academia Magüi Mira
01 mayo 2026
"En la Academia estamos todos; danza, ilusionismo, circo, teatro, música, lírica… Debemos convencer a la gente de que la cultura no es un gasto, sino una inversión. Da de comer a muchas familias y nos alimenta desde la imaginación, como motor de la vida. Las cosas suceden porque antes las imaginamos."
Foto: Sergio Parra / Entrevista: Pilar González Ruiz

La presidenta de la Academia de las Artes Escénicas de España dirige 'La Barraca', basada en la obra de Blasco Ibáñez, que recala en Santander

La última frase que escuchó Magüi Mira (Valencia, 1944) de su madre, mientras le acariciaba la cara en su despedida final fue: «¿Sabes una cosa, Magüi? Que todas las mujeres somos la misma mujer». Dramaturga, actriz, directora, presidenta de la Academia de las Artes Escénicas, Mira bien puede hacer suya esa máxima. Su último montaje, 'La barraca', sobre la obra de Vicente Blasco Ibáñez y adaptación de Marta Torres, recala mañana (19.30 horas) en el Palacio de Festivales.

–Su versión de 'La barraca', a partir de la novela de Vicente Blasco Ibáñez, subraya conflictos muy actuales. ¿Qué le interesó especialmente ?

–Mira, Blasco Ibáñez es un ser cuya narrativa me ha fascinado siempre. Arrancó, esa corriente de narrativa realista y en su momento, fue casi una revolución, que estaba dándose la mano con Joyce, con Flaubert. Me pareció fascinante esa ruptura y también que, por su manera de pensar, sus principios, sus ideas políticas, ha sido un escritor que al mismo tiempo ha hecho de todo y ha sido muy poco visible. Se hizo una serie en televisión y ya.

–Le faltó el teatro

–Él teatro no escribió, pero este viaje fantástico de la narrativa al escenario es la primera vez que ocurre. Creo que si él abriera los ojos y se diera cuenta, se asombraría, porque nunca pensó que todo lo que él escribió se encarnara, tuviera un presente inmediato, donde cada segundo borra el segundo siguiente, algo que no ocurre en la narrativa, que acaba metido en un cajón, línea sobre papel.

–Usted coge esa narrativa y la lleva a otro lenguaje, que, al hacerse por primera vez, ¿da libertad o se convierte en un reto?

–La idea fue de Marta Torres, se le ocurrió a ella. Cuando me pasó el texto, me di cuenta de que era una idea genial y que podía encarnarse. Había un arco de pensamiento brutal, salvaje, por lo real que es, porque esa es la verdadera tragedia. La vida es la de la calle, lo que ocurre en el escenario es mentira. El texto que escribe el autor ya ficción, una ficción absolutamente necesaria porque bebe de la vida real de la calle, es su espejo de la vida de la calle, la esencia de lo que sucede.

–Respecto a ese reflejo de la vida de la calle, en la obra hay violencia, exclusión, comunidad… Temas de plena actualidad que llevan a las tablas.

–Pues sí, porque la raíz de todo es que son forasteros, que llegan de fuera y no los quieren admitir. Fíjate lo que estamos hablando ¿no?. Esta tierra es nuestra y solo nuestra y vosotros no venís más que a hacernos daño y a perjudicarnos. No sé si te suena.

–Ligeramente, sí.

–Ahí arranca todo. Por otro lado, vemos también violencia de género, bullying a los niños, les queman la casa, les suben los alquileres de las tierras, no les dejan enraizar. Es lo que me toca el alma de esto, porque me he dado cuenta de que, verdaderamente, para que un ser humano tenga identidad, tiene que pertenecer a algún lugar. Aquí se les niega la pertenencia, no se les deja enraizar en una tierra que está yerma, que pueden cultivar y recuperar. Pierden su identidad y sin identidad no somos nada, no existimos.

–Ha señalado que le tocó el alma. ¿Ese es su objetivo al encontrarse con el espectador, tocarle el alma?

–Sí, tocar el alma del espectador. Pero primero nos tiene que tocar el alma a los que estamos en el escenario para poderlo contar y establecer ese diálogo. Pienso que cualquier cosa que sucede en un escenario, no solo teatro, busca el goce del espectador, el divertimento. La palabra divertir no solo es alegrar, es ir hacia otro lugar, salirse de la línea, de tu realidad y quizá evadirse de la vida real.

–¿Esa movilización convierte al teatro en un espacio de encuentro frente a una realidad polarizada?

–Claro, pero fíjate, yo no uso polarizar como enfrentarse o confrontar; los polos opuestos se atraen y lo que hacen es cerrar un círculo donde la energía palpita de una manera especial. Eso es lo que queremos conseguir con el espectador. Polarizar positivamente, cerrar el círculo.

–Afirma no ser muy partidaria de que el teatro sea una herramienta planteada para hacer reflexionar al público.

–No es que no sea partidaria, es que no es el objetivo principal. Es un espectáculo, nos lleva a otro lugar en el que puedas dejar tu vida real, volar, subir a la poética teatral. Pero el que quiera reflexionar, que reflexione. Lo importante es gozar y en ese goce está la reflexión, y determinadas emociones con raíces muy diferentes. Lo importante es conmover. Gozar es mi palabra preferida.

–¿Usted ha gozado al ser elegida presidenta de la Academia de las Artes Escénicas?

–(Ríe) Eso sí que es una pregunta. Ten en cuenta que yo lo que presido es una junta de veinte personas de altísimo nivel y con una enorme capacidad, que tenemos, y me incluyo, la generosidad de trabajar para una entidad libre, sin ánimo de lucro, que lo que hace es proteger la cultura, intentar crecer en ese caldo primordial.

–¿Con qué meta?

–Dignificar la cultura, alcanzar la excelencia, crecer en conocimiento. Intentamos cumplirlos de muchas maneras, dedicando a ello mucho trabajo. A veces te das cuenta de que duermes cuatro horas y piensas, ¿pero qué hago yo aquí? Tienes que tener fe, en ti y en tus compañeros y en ese progreso en la cultura, para que se esponje.

–¿A dónde quiere que llegue al ensancharse?

–Lo primero es conseguir establecer nexos con la gente de la calle, que nos tiene que conocer a los que trabajamos en este tejido que se llama artes escénicas, que es tan frágil y tan resistente a la vez. Ahí estamos todos; danza, ilusionismo, circo, teatro, música, lírica… Debemos convencer a la gente de que la cultura no es un gasto, sino una inversión. Da de comer a muchas familias y nos alimenta desde la imaginación, como motor de la vida. Las cosas suceden porque antes las imaginamos.

–¿Su junta directiva tiene la mirada puesta también en los intérpretes del mañana, los que tendrán que tomar decisiones?

–Mira, yo tengo 82 años y la experiencia es importante, pero el vicepresidente Antonio Onetti y yo hemos encontrado gente joven con unas capacidades y una potencia que nos hace falta. Necesitamos el paisaje nuevo, las nuevas maneras de funcionar. Ahí están Jorge Blas, María Ángeles Fayos, Igor Yebra, Manuel Gómez o la cántabra Patricia Cercas, que es una todo terreno, con una energía y una potencia impresionante, y que conoce el arte escénico, porque ha crecido ahí y ha tocado todos los palos. Hemos querido abrir paso a otras comunidades, además.

–Acabo de caer en ese dato; 82 años y para energía, la suya.

– Me gusta mucho tener 82 años y estar donde estoy. Los hombres pisan los 80 y quedan maravillosos, escritores, empresarios… En cambio, mujeres directoras como es mi caso, no sé si encontraremos a alguien. Pero podemos hacerlo, a pesar del chip de ser las eternas cuidadoras.

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