Los proyectos seleccionados para realizar las residencias ROAD 2026 disfrutarán de un acompañamiento en su investigación con el apoyo de un director o directora de escena integrante de la Academia de las Artes Escénicas de España que mentorizará el proyecto durante la semana de residencia.
Proyectos seleccionados
Reunido el panel de selección para la edición 2026 del proyecto ROAD, los proyectos seleccionados en esta edición han sido:
Unas pocas turbulencias, de Carlota Berzal.
Unas Pocas Turbulencias parte de un archivo familiar: fotografías, grabaciones, canciones, recuerdos y objetos heredados. Entre ellos hay una falda de más de cien años que perteneció a mi abuela Leonor y que estaba vinculada a las celebraciones de Santa Águeda en los pueblos segovianos de Arahuetes y La Velilla.
Ese archivo no funciona como una ilustración biográfica, sino como materia escénica. La falda tiene peso, volumen, estructura, olor, costuras, pliegues y huellas de uso. Cuando entra en el cuerpo modifica la manera de moverse y genera imágenes, acciones y relaciones. El proyecto investiga cómo un cuerpo contemporáneo puede acercarse a aquello que ha recibido de generaciones anteriores sin limitarse a representarlo.
La investigación combina danza contemporánea, canto flamenco, voz, objetos, autoficción y materiales de tradición popular. Se pregunta qué permanece en el cuerpo cuando una tradición deja de practicarse de la misma manera y qué ocurre cuando esos materiales vuelven a ponerse en circulación.

La Voz [Post]Humana, de Sofía y Andrea Merchán (Dúo Merchán)
El punto de partida del proyecto es La voix humaine, de Jean Cocteau, en su posterior adaptación lírica de Francis Poulenc. La elección de esta obra no responde únicamente a su vigencia temática, sino a que su propio dispositivo dramático contiene una cuestión que consideramos especialmente significativa para el presente:
“la construcción de una relación entre dos personas a través de un medio de comunicación que hace posible la presencia del otro sin su presencia física.”
La obra sitúa a una mujer al teléfono con su amante. Él no aparece. Su cuerpo está ausente y su voz tampoco pertenece al espacio escénico. Todo lo que sabemos de él llega filtrado por ella.
Esta situación, que en el momento de creación de la obra estaba vinculada a una tecnología relativamente nueva, adquiere hoy una dimensión diferente.
Más de setenta años después, ese dispositivo ha cambiado. El teléfono ya no es únicamente un medio para transmitir la voz. El smartphone se ha convertido en una interfaz que almacena, reproduce y genera múltiples formas de presencia: mensajes, imágenes, reacciones, notificaciones, silencios, registros y rastros.
Desde esta transformación nace La Voz [Post]Humana: una investigación sobre qué ocurre con la voz humana cuando la comunicación deja de ser únicamente sonora y pasa a estar construida por múltiples capas de presencia digital.

El último traductor, de Ana Barceló Alfocea
El último traductor nace de la siguiente pregunta: ¿qué queda de una historia después de atravesar distintas lenguas y regresar transformada a su idioma original? Da comienzo en la Beca Toji Cultural Foundation, en Corea del Sur, gracias al programa de residencias de escritura de Acción Cultural Española. Allí la dramaturga, Ana Barceló, comienza a relacionarse con la cultura coreana, especialmente con las arañas Joro, allí conocidas como las Mudang-geomi. Estos seres especiales guardan una leyenda que, durante el proceso de investigación, se fue tornando en la estructura del proyecto sobre la guerra de Corea, eje principal de la pieza.
El proceso parte de la creación colectiva y de la investigación sobre el escenario. A través del trabajo con los intérpretes surgen imágenes, relaciones y materiales que permiten acercarnos a la realidad de las dos Coreas desde una mirada crítica. La dramaturgia se construye durante los ensayos, a partir de los cuerpos, la palabra, el espacio y la música.

Uvas negras, de Isabel Ponce Rodríguez
Uva negras es un proyecto escénico de danza española y flamenco que nace de la necesidad de recuperar la memoria de un oficio y, especialmente, de las mujeres que durante generaciones participaron en la recolección de la uva. La vendimia antigua no se aborda únicamente como una imagen del pasado, sino como un territorio de memoria, esfuerzo, comunidad y transmisión femenina. Antes de la mecanización, la recogida de la uva implicaba jornadas de trabajo físico intenso: agacharse, cortar, cargar, transportar, seleccionar, esperar, compartir. Un conjunto de movimientos repetidos que fueron construyendo una verdadera coreografía del trabajo.
El proyecto parte de una pregunta:
¿Qué queda en nuestros cuerpos de aquello que hicieron los cuerpos de nuestras mujeres?
La respuesta se busca desde el flamenco, la danza española, la palabra y la memoria oral. La escena se convierte así en un espacio de encuentro entre tradición y contemporaneidad, entre documento y creación artística.
