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Manuel Collado Sillero (1942-1992) El productor de la modernidad
Ed. Antonio Castro

Uno de los nuestros

Por Cayetana Guillén Cuervo

Presidenta de la Academia

 

Muchas de las personas que están hoy aquí forman parte de mi vida. Las he conocido a través de infinitos camerinos, de giras infinitas de mis padres, cuando me llevaban después del colegio. Se me reproducen en la cabeza textos de funciones, trocitos de textos que he oído en mi casa toda la vida, como Equus, por ejemplo, uno de los grandes proyectos de nuestro querido Manolo Collado, y en el que estuvo Fernando Guillén, mi padre. Veo a Juan Ribó por ahí, a Antonio Medina, a tanta gente querida que forma parte de mi vida de una manera muy, muy intensa. Creo que por eso estoy aquí, asumiendo el cargo de  presidenta de la Academia de las Artes Escénicas con tanto orgullo, con tanto amor, con tanto respeto y con tanta humildad, para tratar, entre todos, de dignificar estas disciplinas artísticas por las que vivimos, ese hecho artístico encima de un escenario por el que hemos respirado toda la vida. Ese latido lo he vivido en mi casa. Es el legado de mis padres e intento estar a la altura representando a todos y a todas.

Recordar. Me parece que es muy importante recordar; recordar a quienes han construido los cimientos, a quien ha abierto puertas, a quien ha derribado muros. Eso me parece, nos parece a nuestra junta directiva, a nuestros grupos de trabajo, a los profesionales que conforman a la Academia, que cada vez es más grande, más fuerte y que somos todos nosotros. Se trata de que seamos una familia, de darnos la mano y pedir respeto. La Academia de las Artes Escénicas rinde homenaje a Manolo Collado Sillero a los treinta años de su fallecimiento. En este 2022 han coincidido los aniversarios de la desaparición de dos importantes figuras de la escena, muy queridas, que merecen de sobra que se las recuerde con toda la emoción, con todo respeto. Hemos recordado a Adolfo Marsillach con un emotivo acto en el Teatro de la Comedia, la sede de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y hoy, en este teatro Pavón, nuestro querido Teatro Pavón, a uno de los referentes de la escena privada madrileña. Nos compete rendir homenaje al gran innovador de la moderna producción escénica española porque es verdad que Manolo Collado fue un visionario que se adelantó a todo. Yo pude vivirlo en directo. Trabajé con él en Séneca o el beneficio de la duda pero, sobre todo, yo viví a Manolo Collado a través de mis padres, a través de mi padre, en toda esa etapa de Equus, tan fructífera, tan maravillosa que todavía me retumban las palabras en la cabeza. Y ellos, Fernando y Gemma, ya habían trabajado con él en la producción de espectáculos tan avanzados a su tiempo como Todo en el jardín.

Los pioneros. La función de la Academia de las Artes Escénicas no es solo estar al tanto de lo que sucede en los teatros de España; no es solo estar al corriente de la innovación, de la tendencia, sino también se trata de estudiar lo que ocurre en ellos. De animar y de apoyar el desarrollo de todos y cada uno de los oficios de sus profesionales. Y es muy importante que la Academia no olvide nunca de dónde venimos. ¿Por qué somos hoy lo que somos? ¿Quiénes nos abrieron las puertas? ¿Quiénes tiraron los muros, abrieron ventanas y cortaron la respiración de quienes cuestionaban esa innovación, pero que sin ella no hubiéramos avanzado? A mí siempre me gustan en todos los actos en los que tengo tribuna recordar a mis padres y agradecerles a ellos, y a toda su generación, el camino recorrido. Aquí están Emilio Gutiérrez Caba, Julia Gutiérrez Caba, Jesús Cracio, María José Goyanes… Una generación de un activismo cultural comprometido. Quiero decir que era un grupo de actores, no tantos, que trabajaban y luchaban por conquistar la dignidad y el respeto de las instituciones, de que se nos mirara cara a cara con los ojos al mismo nivel que para el resto de la sociedad;  que se entendieran y valoraran los oficios que forman parte de las disciplinas artísticas de las artes escénicas. Un activismo cultural comprometido que ayudó a construir una democracia y, sin duda, una ciudadanía y una sociedad más sana desde las artes escénicas a través de la palabra transformadora. Ellos son quienes lograron cambiar las cosas y por eso estamos hoy aquí, recordando la figura de Manolo Collado. Estoy segura de que en este acto se van a aportar un montón de datos biográficos artísticos, pero, por mi parte, necesito recordar que, como tantos otros profesionales de la escena, él nació en una familia de teatro lo que supone, y sé de lo que hablo, un plus de amor, un plus de comprensión, de compasión, un plus de respeto, de profundo conocimiento de todo lo que rodea al mundo de las tablas. 

Darnos a conocer. Y siempre pienso que se nos cuestiona porque no se nos conoce. Pienso que es muy importante dar visibilidad, dar herramientas, dar información de quiénes somos, de por qué somos así. De lo que hacemos. De las horas de ensayo. De la disciplina. De la perseverancia. De la constancia. Del esfuerzo. De qué significan esas artes escénicas y esa disciplina. Se nos cuestiona porque no se nos conoce. Yo creo que una de las labores fundamentales de la Academia es darnos a conocer, acercar las artes escénicas al resto de la sociedad para que entiendan la importancia del hecho artístico encima del escenario y de quienes lo materializan. Esto significa que Manolo necesitó bucear desde muy joven en la interpretación pero, sobre todo, a esa decisión tan temprana siguió la de tomar las riendas de la producción teatral y la producción significa estar en el alma de todo, construir el espectáculo desde cero. Salvador, su hermano que está aquí, lo sabe muy bien y explica también que tras empaparse y ver cómo los directores que él contrataba manejaban los hilos de la creación, decidió manejar él mismo esos hilos. Decidió arriesgar, ponerse al frente del complejísimo oficio de director y lo hizo con enorme éxito. Es importante que unamos fuerzas para cambiar las cosas pero también lo es que nos unamos para recordar y para dar valor a aquellos que dibujaron el mapa por el que ahora nos movemos nosotros con tanta soltura; respiramos derechos y libertades gracias a los que lucharon por ellos. Por eso a mí siempre me gusta recordarlos. Si conocemos el latido de nuestro pasado, quizá entenderemos un poco mejor el corazón de nuestro presente. Vamos a recordar a uno de nuestros, de los importantes, de los que aportaron muchas cosas a nuestro país, a nuestra identidad. Gracias al Teatro Pavón por cedernos esta fecha para un acto tan significativo y vamos a comenzar a recordar a Manolo Collado con un aplauso desde aquí, y dándole las gracias por toda su labora, por haber dedicado su vida al teatro.

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