A partir de la nueva cultura digital los objetos han pasado a ser representados y presentados de nuevas maneras, abriendo el espectro de lo considerado como ilusión, y cerrando la brecha entre realidades y ficciones, otorgándoles nuevos grados de vida. Uno de los objetos que se ha visto con una mayor explotación es el cuerpo, el cual se ha presentado como un híbrido, en donde la interfaz permite la vida simbiótica de ambos organismos en un mismo cuerpo, pudiendo verse proyectado, fragmentado, asexuado y hasta negado en un ambiente donde las características que los priman son otras. Para la escena, este cuerpo ha sido usado como modo de crear y presentar esos otros mundos, así como exponer, al mismo tiempo y de manera irremediable, las posibles constituciones humanas futuras y la reelaboración de las relaciones confluyentes en la escena artística y social, teniendo un impacto directo con el elemento actoral y cuestionando la(s) definiciones del mismo.